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Publicado : Ayuntamiento de Guardo 17 de junio de 2014


Buenas tardes, guardenses y visitantes.

Un día, en mis primeros años de trabajo, cuando sólo los jueces y los sacerdotes podíamos oficiar bodas, estaba volviendo al despacho después de la ceremonia y oí a mi espalda el comentario de uno de los contrayentes, “menudo peñazo –bueno la palabra era otra pero la sustituiré por educación- nos ha metido el juez. Si lo sé, elijo al cura”. Espero que, cuando hoy termine de hablar, no piensen igual que aquel novio. 

Agradezco el honor que se me brinda de ser el pregonero de las fiestas de este año; evidentemente, existen otras personas con muchos más méritos y con mucha más capacidad que yo para estar aquí pero me ha tocado a mí, e intentaré hacerlo lo mejor que pueda.

El  primer recuerdo que tengo de Guardo es el de mi nacimiento. Obviamente es un no-recuerdo porque yo no me acuerdo de aquel momento. Y es que por lo que parece yo no quería salir a este mundo y así estuve horas y horas. Carmina, la comadrona, no mucho antes de fallecer, me lo confesó un día: fuiste uno de los partos más difíciles que he atendido porque no había forma de que salieras. Que conste que no he querido exagerar porque ella en realidad lo que me dijo es que fui el más difícil de los que había tenido.

Después de aquello, mi primer recuerdo real es el del paisaje que veía cada día cuando me levantaba y me asomaba a la ventana de casa. Tras el solar situado justo delante, cruzando la carretera, se extendía un conjunto de jardines, en cuyo centro se levantaban abetos, pinos y un bellísimo cedro y rodeados de un suelo de grava siempre repleto de niños jugando y junto a una esbelta torre de piedra a la que incorporaron un reloj que lo mismo de día que de noche nos recordaba el imparable paso de las horas. 

De los 4 a los 14 años acudí cada día puntualmente al colegio Vegarredonda. El ritual era siempre el mismo; salía de casa, al principio yo sólo y luego con mis hermanos, avanzábamos por la acera contraria al cine Bravo, cruzábamos la calle hasta la acera de los bancos de la plaza del ayuntamiento, dejando a un lado el mercado de abastos, saludábamos continuadamente a mi madre que nos miraba desde la ventana de casa y nos devolvía el gesto. Cruzábamos de nuevo y nos perdíamos hasta llegar al patio porticado del antiguo colegio Vegarredonda. Los más jóvenes pensarán que soy demasiado mayor porque hoy el cine Bravo, la plaza del Ayuntamiento, el mercado de abastos y el antiguo Vegarredonda son ya parte de la pequeña historia de Guardo.
De los momentos de Vegarredonda me viene a la memoria una fecha, el 20 de abril de 1978; aquel día, el profesor de gimnasia entró a clase a decir quiénes eran los seleccionados para jugar con el equipo de futbito del colegio. Yo no estaba entre los elegidos. Y me quedó grabada aquella fecha porque entonces supe que no era mi destino ganarme la vida de esa manera y que las glorias deportivas estaban reservadas a otros. 

Al año siguiente tuve más suerte y sí estuve en la selección del Colegio. Fue cuando se celebró el primer torneo de futbito en el pueblo, un campeonato en el que 24 equipos jugábamos todos los fines de semana. Y lo hacíamos sin separación por edades; quiero decir, nosotros con 13 o 14 años nos enfrentábamos a los demás equipos con jugadores de 20, 30 o 40 años. Y rescato una noticia del Diario Palentino de fecha 22 de mayo de 1980: “el partido de la jornada fue el celebrado en la mañana del domingo entre Aceitunas Crispín y Vegarredonda. La patrocinadora de Aceitunas Crispín invitó a todos los asistentes a vino, refrescos y aceitunas. Hubo pancartas y regalos al comienzo del encuentro. Y un buen trofeo para el jugador de Vegarredonda que marcara el tanto nº 100 al Aceitunas ya que este equipo lucía 99 goles en contra. Este gol lo marcó Ernesto Sagüillo, de penalti”.

Y es que el fútbol era una afición más allá de lo racional. Podría pensarse que en eso no hemos cambiado pero creo que la filosofía y los valores deportivos no eran del todo coincidentes con los actuales; baste pensar que la mayor ilusión de los chavales de aquella época era jugar en el Club Deportivo Guardo. Desde los 6 años, cada vez que jugaba el CD Guardo en casa yo iba al bar donde mi padre estaba echando la partida de cartas, esperaba un rato hasta encontrar a alguien que le sustituyese y nos íbamos paseando juntos hacia el campo de la Estación. 

A mi llegó el momento de jugar, principalmente en los juveniles del Club Deportivo ya en La Camareta. Y aquí cito otra noticia periodística, de julio de 1983, una entrevista a jóvenes promesas del fútbol local; el cronista me define como “serio jugador del juvenil guardense, frío, pero técnico y calculador”. 

Otros de los recuerdos me vienen, por supuesto, de las fiestas de San Antonio. En una infancia en la que prácticamente nunca salíamos del pueblo, las fiestas eran un acontecimiento esperado todo el año. La primera ocasión que vino el tren de la bruja, o la noria son de esos momentos de emoción que no se olvidan. Desde que comenzaba junio yo iba diariamente hasta el real de feria, hasta la zona donde se instalaban las barracas para comprobar si había llegado alguna nueva o cómo iba a avanzando el montaje de cada una. Y lo que son los genes, mis niños, particularmente el mayor, nos insisten, cuando se acercan las fiestas, que tenemos que llevarles cada día a ver qué nuevas atracciones se han ido instalando. 

Y luego, con 18 años, llegó la hora de marchar fuera a estudiar, en mi caso, a Valladolid. Aquella ciudad donde los taxistas, cuando me llevaban desde la estación de autobús hasta el colegio, decían aquello de “Así que de Guardo, ¿eh?, allí sí que hay dinero”. El caso es que desde la capital era –y supongo que sigue siendo- imposible venir a Guardo porque las fiestas coincidían con plena época de exámenes. Pero no por ello dejábamos de celebrar San Antonio porque mi madre conseguía enviarnos para ese día una bolsa con el programa de fiestas, un poco de jamón que cortaba y unos langostinos para que no olvidásemos que ese era el día de la fiesta de nuestro pueblo. Así que yo, cuando acabé mis estudios, me propuse que, mientras pudiese, estaría presente en las fiestas de Guardo, y así llevó, desde entonces, veintitrés años sin faltar. 

Por estos hechos y otros muchos que no da tiempo a relatar, en Guardo se forjó mi carácter y mi forma de ser. Y se ha seguido formando y forjando porque aquí he seguido y sigo. Se dirá que nuestro carácter es duro, como el clima, bravo, como el de los hombres y mujeres que han sacado adelante este pueblo, y resistente y recio, porque aquí nada es fácil de conseguir. Pero también noble, generoso y honrado porque así son las personas de este pueblo.  

Me siento orgulloso por haber conocido aquí mucha, muchísima gente buena, personas que me han enseñado que los valores más importantes no son esos vigentes en nuestra sociedad materialista sino el fomento de virtudes como la amistad, el valor de la palabra dada, la buena vecindad, la solidaridad, que empieza con las personas cercanas. U otra que después me ha sido muy útil en la vida, el sentido de la justicia y de la injusticia.  

Quería alabar en particular a aquellas personas que han desarrollado y siguen desarrollando iniciativas en Guardo, a todos aquellos que se ocupan de que siga viva en esta villa una intensa actividad social, cultural y deportiva. Y animarles para que sigan haciéndolo porque deben saber que no están solos sino que hay personas que, aunque sea calladamente, se lo agradecemos.

Debemos vivir el presente y a eso venimos hoy aquí, a decir que estamos de fiesta y que lo vamos a celebrar. Pero no podemos ignorar que, desde el próximo lunes, tendremos que seguir trabajando por el futuro y por superar esas sombras que nos invaden y de las que difícilmente nos podemos aislar. Ya sé que hoy no es el día pero me vais a permitir tres reflexiones muy escuetas. 

La primera es que el único animal que hay en peligro de extinción en nuestra comarca es el ser humano. Puede parecer exagerado pero si se comprueban las cifras de los últimos doce años -entre 2001 y 2013- se aprecia que en esta zona, lo que podríamos llamar montaña occidental palentina, ha disminuido la población en un veinte por ciento; es decir, que, si no se cambia el rumbo, para saber el porcentaje de población que se habrá perdido en la zona dentro de 50 años, nos basta multiplicar veinte por cinco. 

La segunda, que la resolución de los problemas de la comarca requiere de tres pilares: buenas ideas, dinero utilizado inteligentemente y apoyo institucional. Y es que las instituciones provinciales, autonómicas y nacionales han ignorado sistemáticamente al pueblo durante los 50 años (entre 1960 y 2010) que ha sido la segunda población de la provincia y ello debe cambiar pues, en otro caso, nos enfrentamos a una situación que amenaza con relegarnos a la irrelevancia. Por citar dos datos, hay que seguir reclamando la mejora de las comunicaciones pues cabe recordar que Guardo y Velilla son los dos municipios de la provincia de Palencia más alejados de una autovía, lo que hace que jueguen en desventaja a la hora de captar posibles inversiones, y que también somos de aquellos que tenemos más alejado un hospital por lo que se hace imprescindible un servicio, como la UVI móvil, que un día nos puede salvar la vida.  

Por último, diré que los vecinos de Guardo y comarca quizá no podamos solucionar por nosotros mismos los problemas pero al menos no debemos olvidar que en los pueblos unos vecinos viven gracias a otros y que aquí sigue habiendo mucha gente que se gana la vida con productos y servicios que nos ofrecen a los demás. 

Querría terminar, bueno, en realidad iniciar el pregón porque lo anterior ha sido una introducción. Y lo he hecho de la manera que mejor creo que sé porque es aquello a lo que llevo dedicando más de veinte años de mi vida, escribiendo una sentencia.  

En Guardo, a 11 de junio de 2014. Visto por mí el presente juicio, y en virtud del poder que Su Majestad El Rey (bueno, esto ahora habría que ponerlo entre paréntesis) y la constitución española me otorgan, he dictado la presente sentencia.

Antecedentes de hecho

Único.- Que los vecinos de Guardo solicitan que se les conceda una suspensión en sus actividades y obligaciones cotidianas porque desean celebrar sus fiestas. 

Fundamentos de Derecho

Primero.- El invierno ha sido largo. La lluvia se ha colado por todos los rincones, ha levantado calles e inundado sótanos y garajes. Luego la nieve dejó el pueblo aterido. La primavera ha llegado y, como dice un poeta guardense, 

“Los chopos de San Miguel se están vistiendo de gala.
El campo está florecido y el río es una esmeralda.
La túnica de Espigüete los dedos del sol desgarran” (1)

1-Ángel Luis Castrillo Bravo, “Primavera en San Miguel”, del libro “Cuanto Guardo en el alma” (Gráficas de Guardo, 2005, Coord. Javier Castrillo Salvador).

En fin, que ya ha pasado el 40 de mayo. Se acerca el solsticio de verano, que traerá calores sofocantes y por eso es el momento más adecuado para tomarse un respiro en la ejecución de los deberes de cada día.

Segundo.- Es proverbial la capacidad de los guardenses para divertirse. Atrás quedaron los tiempos de la Sala Iris, del Yulay o del Piter Dan, o de la competición entre la Sheraton y la Ovni en lucha por traer a Guardo los cantantes más famosos. Pero sigue habiendo muchos lugares –y estos días también los bailes y verbenas- donde disfrutar de la fiesta y en nosotros permanece intacto el deseo de divertirnos. 

Tercero.- El pueblo está ávido de bailar al son de coros y danzas, verbenas y conciertos de la banda municipal o Dispersos, de moverse al ritmo de la otra Leticia y de los alumnos de la ejemplar escuela de música, de que le cuenten cuentos pero de los buenos, de correr delante de los cabezudos y alegrarse con las charangas, de que la noche se ilumine con fuegos de los que no abrasan y de contemplar a sus damas más guapas.

Fallo

Por lo expuesto,  

DECIDO: que debo condenar y condeno a los vecinos de Guardo y a cuantos nos visiten en estas fechas a olvidar penas y problemas, a dejar a un lado discrepancias, rencores y rivalidades y a disfrutar y divertirse con intensidad, alegría y alborozo, pero respetando los siguientes límites: 

Nada de coger el coche cuando no se deba. Respetar al prójimo –que bastante trabajo tienen ya los Juzgados y no hay que recargarlos más-. Y no pagar los excesos con el mobiliario urbano, que no tiene la culpa. 

Así por esta mi sentencia, contra la que no cabe recurso alguno, lo pronuncio, mando y firmo. 

Guardenses, felices fiestas a todos. Viva San Antonio. Viva Guardo.



Fotos cortesía de Rubén Abad

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